En los últimos años, he tenido varias veces la oportunidad de visitar Australia. En estas ocasiones tuve varios encuentros con el arte aborigen, admirando las pinturas rupestres en el Territorio del Norte, paseando por exposiciones de museos o visitando galerías. Ciertamente, es demasiado simplista afirmar que los aborígenes se expresan figurativamente o mediante patrones abstractos formados frecuentemente con puntos. Pero las imágenes siempre tienen una connotación espiritual, la cual permanece oculta en profundidad y significado completo para los no iniciados. En cualquier caso, crean una impresión meditativa en el contemplador ingenuo. En muchos casos, estas pinturas abstractas representan algún tipo de mapa que describe, por ejemplo, a las relaciones entre personas, entre personas y alguna región, o a la naturaleza, animada e inanimada, a vista de pájaro.
Durante un vuelo sobre el continente australiano, mi esposa y yo quedamos profundamente impresionados por la diversidad de paisajes desérticos. Tomamos muchas fotografías y desarrollamos la idea de representar paisajes reales de una manera similar a la de los aborígenes, como paisajes de puntos o “dotscapes”, trazando y enfatizando determinadas estructuras con puntos. Poco después, comencé a ver paisajes similares en rocas, arena o agua. En consecuencia, no solo se creaban paisajes de puntos “dotscapes”, sino también paisajes rocosos (“rockscapes”), arenosos (“sandscapes”), de corteza (“barkscapes”) y acuáticos (“waterscapes”).
De ninguna forma intento competir con artistas aborígenes. Mis imágenes no contienen ese rico fondo espiritual y cultural. Simplemente podrían atraer la atención del observador hacia la belleza de las estructuras reales y naturales. Tal vez, los paisajes de puntos colocados sobre estas estructuras despliegen un carácter meditativo, que por último, pero no menos importante, también reflejen el proceso de creación.